Antes de que existiera VITUS, mi relación con la moda era simple: vestirme para encajar. Sin cuestionarlo demasiado, elegía ropa que veía en redes sociales, en tiendas masivas o en lo que estaba “de moda” ese momento. No había intención, no había identidad, solo repetición. Como muchos, seguía tendencias sin preguntarme si realmente representaban quién era.
Vivía en un entorno donde la apariencia parecía importar más que el carácter. Las marcas cambiaban cada temporada, los estilos se volvían obsoletos en cuestión de meses y todo parecía diseñado para que consumiéramos rápido y olvidáramos más rápido todavía. Me vestía, sí, pero no me expresaba. No transmitía disciplina, ni elegancia, ni una visión clara de mí mismo.
Con el tiempo, empecé a notar algo que me incomodaba. La mayoría de las propuestas en el mercado apuntaban a lo inmediato, a lo llamativo, a lo viral. Colores estridentes, logos gigantes, frases pasajeras. Todo parecía construido para durar una temporada, no una vida. Y ahí empezó la incomodidad: ¿por qué la ropa no podía representar valores más profundos? ¿Por qué no podía reflejar constancia, carácter y sobriedad?
Mientras observaba este panorama, también atravesaba un momento personal de crecimiento. Empecé a valorar la disciplina, el esfuerzo silencioso y la construcción de identidad. Comprendí que el verdadero estilo no se trataba de llamar la atención, sino de proyectar seguridad sin necesidad de exagerar. Me sentía cada vez más lejos de la moda superficial y más cerca de algo clásico, estructurado y atemporal.
Fue en ese mundo ordinario —rodeado de tendencias fugaces y consumo rápido— donde nació una sensación clara: algo faltaba. No sabía todavía qué forma tomaría, ni cómo lo haría, pero entendí que quería algo distinto. Algo que no cambiara cada tres meses. Algo que representara principios.
Ese era mi mundo antes de VITUS. Un mundo de ruido visual, de moda rápida y de identidad prestada. No era un mal lugar, pero tampoco era el lugar donde quería quedarme.
Sin saberlo, estaba a punto de comenzar un viaje.
Comentarios
Publicar un comentario